Prefacio 2.0

Érase una vez un mono que vivía en una ciudad. El mono sabía que ese no era su hábitat natural; éste era la selva, rodeada de árboles, cambures, monas peludas sexys llenas de pulgas que, entre los miembros de la manada, se comían entre sí para acicalarse y para socializar. En lugar de ver las bondades ya descritas de la selva, el mono en cuestión vivía en un sitio que en lugar de árboles, había algo llamado edificios, en lugar de cambures había arepas y en lugar de monas peludas sexys llenas de pulgas, había humanos y humanas que dejaban mucho que desear…

Sobre esos últimos, algo muy especial llamó la atención del mono: en lugar de socializar comiéndose las pulgas o piojos, estos se reunían y ponían música en sus casas, calles o avenidas sin importar las horas del día o la noche. Esto le rompía mucho las pelotas al mono, es decir, en la selva, en ese lugar primitivo, todos respetaban el espacio de todos; él respetaba el espacio de los demás escuchando su música con audífonos. Claro, no todos pueden pensar como el mono y el mono “entendía eso”. Ahora bien, el mono reflexionaba justamente sobre lo que ocurría en la ciudad que vivía, una ciudad llamada Caracas, que se encuentra ubicada en la zona centro-norte costera de un país tercermundista llamado Venezuela. Esa ciudad desde hacía ya un tiempo, se había convertido en la ciudad más peligrosa del mundo. Incluso había algunos sociólogos, psicólogos y cualquier otra profesión que termine en “ólogos” que decían que en Caracas se vivía la “Ley de la selva”. Esto le daba mucha risa al mono, porque él sabía cómo era la cuestión en la selva y pues, los monos no se matan entre sí por un par de cambures, a diferencia de los humanos, que se mataban entre sí por un par de zapatos…

Llegó un día en que el mono aprendió a leer y a escribir, es decir, a comunicarse con el lenguaje de los humanos. Ahora imagínense la sorpresa del mono al tener este conocimiento y estando en un hábitat que no es el suyo. El mono se sentía extraño. Muchas veces se preguntaba si había otros como él. Transcurrido un tiempo, el mono abrió una cuenta en algo llamado “Twitter”. Allí conoció a gente interesante. Unas iban y venían cual ventisca en un páramo soleado. Fue divertido. Luego comenzó a escribir sobre política y allí ya no fue tan divertido. El mono comenzó a tomar partido, a tomar una posición por lo que ocurría. El mono, al no tener afiliación política partidista y expresar las cosas según su propio criterio, era tildado de rojito, facho, comunista, infiltrado, del G2 y cuanta payasada saliera de las teclas de sus “adversarios”. Cuando el mono comenzó a expresarse muchas veces con un lenguaje descarnado, procaz y hasta vulgar, al mono lo increpaban por usar ese tipo de lenguaje. El mono se preguntaba: “¿qué será más vulgar? ¿Qué yo diga ‘coñuelamadre, mamagüebo, malparío’ o que los funcionarios se roben la partida presupuestaria de un hospital?” Lo cierto es que los lectores ocasionales se escandalizaban más por lo primero que por lo segundo…

El mono comenzó a analizar sobre su entorno, sobre su cultura y hace un muy particular e incomprendido intento de patriotismo en desenmascarar estos problemas; él quiere que la gente de su entorno se tropiece con estos problemas como lo haría un peatón descuidado al pisar mierda y este sólo notaría que había un mojón en la calle porque lo pisó y ahora debe limpiar su zapato y procurar estar más atento en un futuro para no llevarse una sorpresa tan desafortunada. La diferencia es que en este caso no sería por descuido, sino por una deliberada colocación del “mojón”, de la plasta de mierda, pues…

Éste escrito comenzó con un “Érase una vez un mono”. Esperemos que el final sea “… y vivió en su amaba selva tranquilo y feliz hasta el último de sus días. Fin.” Después de todo, eso es lo que queremos, sean humanos-animales o animales-animales…

Ese mono soy yo y este es un intento de diario de desahogo para no parar en loco por vivir en una Venezuela sumida en la “Ley de la selva”, que no es otra cosa que vivir en una Venezuela anarquizada. Dicen que un mono con hojilla es peligroso. Un mono con blog no es tan peligroso, aunque trataré de serlo…

 

 

 

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